La cena perfecta

Hace unas semanas, en un dominical, venía un reportaje en el que preguntaban a cocineros y otras personalidades cómo sería su última cena. A mi me resulta muy difícil pensar en algo así, y si estás a punto de palmar no creo que te importe un pimiento la cena de ese día. Pero sí sería capaz de imaginar cómo sería la cena perfecta, y no creo que haya que esperar a estar en las últimas para planteárselo. De hecho, pienso que es un buen ejercicio imaginar el encuadre perfecto para poder llevarlo a cabo y no dejarlo en un simple sueño.
Ahí va el mío:
Dónde? En algún rincón de El Castañar (Béjar). Al anochecer, en esa hora en la que los olores y sonidos del campo se intensifican (la jara, el romero, pájaros recogiéndose, grillos despertando). En maravillosos muebles de jardín, en una mesa grande con mantel blanco, en sillas cómodas. Vestida con ropa cómoda y alpargatas.
Con quién? Con mi marido y mis hijos. Con mis padres. Con mi tía. Con algunos amigos, pocos.
El menú? Un menú tipo degustación, con muchas cosas a probar. Imprescindible: jamón ibérico de bellota de Guijuelo acompañado con pan de pueblo. Un plato con aceite de oliva virgen de Jaén para mojar pan. Unos frescos cogollos de lechuga con anchoas del Cantábrico. Un plato de verduras a la brasa. Unas patatas rebozadas hechas por mi madre. Una fuente de huevos estrellados, con patatas crujientes, huevos de corral de sabor y color intenso, ajito y un chorrito de vinagre. Una paella de verduras con garrafones, judías, coliflor... terminada al horno y acompañada de ali oli.
El postre? Helado italiano de chocolate negro y fresas (no fresones, fresas!)
Para beber? Igual es un pecado mortal, pero yo bebería Môet Chandon muy frío. Si no, un Riveiro muy frío también. Y agua.
Música de fondo? Como es de fondo, y no para bailar o cantar, pondría a Michael Buble.
No se trata de alta gastronomía, es un sueño. Tal vez al jamón le vaya el tinto, pero a mi me gusta tomármelo con champán, ¿qué pasa?
A ver si jugáis.....

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